Qué bien se siente, en este momento de ocio en el que me quedo pensando mil cosas, qué bien se siente mirar solo por un momento atrás, y darme cuenta que, a un año de distancia, mi vida dió un giro estrepitoso, yendo de un extremo a otro, pasando del llanto a la risa cual interno pisiquiátrico.
No tengo mucho qué abundar en el tema, pues ya es historia del pasado y en su momento le dí las vueltas necesarias en pos de asimiliarlo y perdonar, pero es gracioso mirar cómo hace poco menos de un año me hubiera encantado y llenado de gozo recibir la noticia (que por cierto sin buscar las noticias tocan solitas a tu puerta, o a tu mail en este caso) de que a partir de la divergencia de nuestras vidas, como por acto de mágia la alegria y las cosas buenas comenzaron a llegar a mi morada, y por otro lado, para esa otra persona, sucedió lo contrario (lo contrario que a mi, porque imagino que para esa persona sencillamente las cosas siguieron tan mal como siempre). Y de pronto sin buscarlo uno se va enterando de cosas, que, como dije, meses atrás hubieran resultado malamente satisfactorias, pero ya a estas alturas, pues a uno no le sabe igual, y atino solo a decir “mmm, qué mala onda, pues ojalá que le vaya bien pronto…”.
En resumen, me siento increíblemente feliz con la forma en la que he construido mi vida de hace un año a la fecha. Me encantan las decisiones que he tomado, las personas de las que me rodeo, y sobre todo, la forma tan eficiente en la que funciona en Universo, devolviendo en justa medida el amor que he entregado, las sonrisas, y el esfuerzo por salir adelante. Incluyendo la pérdida que sufrimos hace poco, la ausencia significativa del suegro más hermoso que pude tener, lo tomo también como parte del aprendizaje, del equilibrio entre alegría y pena, porque no todo podía ser felicidad, sin embargo nos ha dejado rodeados de una familia marvillosa, unida, fuerte y amorosa.
Algún día creí que no descansaría hasta ver de rodillas a las personas que me lastimaron mordiendo el polvo, solo lo pensé, no lo busqué, no lo provoqué, pero de nuevo el Universo pone todas las piezas donde deben estar. No me alegro de las desgracias ajenas, pero tampoco me apeno de ello (al menos no de las dergacias de “esas” personas), sencillamente uno tiene no más ni menos de lo que le corresponde.