Hace tres semana inicié mi aventura en las clases de tango. Aprender a bailar esa música era un plan que tenía desde hace muchos años atrás, pero que por varias razones no lo había materializado. Que si las clases eran difíciles de encontrar, que si era caro, que si no tenía el tiempo, etc. Entonces sencillamente el universo acomodó las cosas y me puso todo para que iniciara justo cuando tengo el tiempo, el dinero, y el espacio necesarios para hacerlo.
Cuando pensaba en el tango la verdad es que no tenía idea de cómo los bailarines lograban esa conexión tan intensa y el desenvolvimiento tan pasional que me hacia desear bailar como ellos. Conforme he ido avanzando en las clases he comprendido algunas de las claves que aportan el toque que tiene el tango.
Nunca había tomado clases de baile de ningún tipo, sin embargo soy de las personas que en una fiesta no se quedan sentadas y gustan de mover el esqueleto con todo tipo de música. Pero muchas veces mi pareja no era muy diestro en aquello de llevarme en el baile, que no es lo mismo que “llevarme al baile”, en eso si hubo uno que otro abusado… En fin, el caso es que varias veces me tocó explicar someramente pasos sencillos, las típicas vueltas, marcar el ritmo y los tiempos para mi despistado acompañante y cosas por el estilo para al menos hacer un papel decoroso en la pista.
La primer cosa que aprendí en el tango es que, mi papel como mujer es estar muy atenta y sobre todo desarrollar la sensibilidad para comprender, sin mirar, sin hablar, con solo sentir, los movimientos que mi pareja propone en el baile. Como me dijo Joaquín la vez que bailé con él y yo me adelantaba a los pasos “A ver! tú aquí no piensas, solo sientes!”. Aunque suene raro, o tal vez no tanto, esa parte creo que es la que más trabajo me ha costado, porque en general estoy aconstumbrada a ser la parte dominante (solo un poco
) a llevar, a saber para dónde voy, y de pronto en una cosa tan sencilla como bailar, me doy cuenta de que me cuesta trabajo (aunque no mucho) ceder en eso.
Uno de los ejercicios que más me ha servido es bailar con los ojos vendados, entonces así no tengo opción a decidir antes de tiempo, y me mentalizo a que toda mi confianza queda en mi pareja de baile, y por lo tanto, como buena mujer tanguera, siento su propuesta y lo sigo.
Mentalizada en ese tenor, he logrado hacer pasos que nunca en mi vida había intentando siquiera, sin ensayarlos, sin planearlos, sencillamente estuve dispuesta a seguirlo y lo conseguí.
Me apasiona lo que estoy aprendiendo, me apasiona bailar, y me apasiona bailar tango, que no es solo un ritmo con figuras impresionantes, sino en realidad significa para los bailarines un romance, un romance que dura 3 minutos.
Me da mucho gusto que hayas tenido al fin la oportunidad de estudiar eso que tanto te apasiona, y bueno, respecto al baile, yo qué te puedo decir, es una maravilla, una comunicación que trasciende a las palabras mucho más cuando a baile de pareja se refiere. Yo también he aprendido mucho en el estilo que estoy estudiando, y sí, también me ha pasado que a la hora de bailar quiero hacer mi santa voluntad pero poco a poco.
Chamaca te mando muchos saludos y sigue disfrutando de tus clases