Mariana ha pasado varios meses con la misma incertidumbre, vive de coraje y angustia, es como una sed de venganza que no puede evitar… Esa tarde está decidida.
Salió a la hora normal del trabajo, pero antes hizo una llamada para explicar que iría con alguna amiga por café, o tal vez solo dijo que se quedaría más tiempo en la oficina. El sitio estaba acordado y Santiago pasó por ella a la entrada del café, ella se sube al auto y lo saluda. En el camino platicaron de cualquier cosa insignificante, hacía ya varios meses que no se veían, por lo que podían encontrar facilmente algo para charlar mientras él manejaba.
El plan no necesitaba estudiarse demasiado, ambos deseaban con todas sus ganas compensar la ausencia, así que sencillamente siguieron el instinto… La tarde cambia cuando Mariana está con él… lo ama en ese momento, se olvidan ambos del mundo de afuera, se funden en abrazos…
El tiempo apremia, Mariana y Santiago deben despedirse. Él la ha dejado a solo unos pasos de su casa, no es muy tarde en realidad, antes de las 9 de la noche seguramente.
Mariana acomoda su cabello con los dedos y saca de su bolsa un pequeño espejo para mirarse la cara, tiene los labios rojos y algo hinchados, sin embargo no hace nada para disimular el efecto. Encuentra entre tantas cosas las llaves de la puerta del departamento donde vive, apenas empieza a girar la primer cerradura y Ernesto abre sorpresívamente para recibirla, ya la esperaba… la escuchó al llegar.
Cuando Mariana entra, Ernesto la mira con extrañeza, nota algo raro en su cara, la siente diferente, él también se siente diferente… la observa de pies a cabeza y de regreso sin poder disimular, mientras pregunta “¿cómo estás mi amor?, ¿qué tal estuvo el trabajo en la oficina?” trata con muda desesperacíón de encontrar algo en su mirada que le de la respuesta, sus pupilas tal vez, su gestos… Mariana se sienta en el sillón y contesta cualquier cosa al respecto “Bien amor, ya sabes mucho trabajo….”, aunque se da cuenta de que él no le quita la mirada de encima no hace comentarios al respecto como: “¿por qué me miras así?”, ella sabe perfecto cómo se siente, sabe lo que Ernesto piensa, pero no pretende mencionar nada… solo sonríe burlonamente y entra a la cocina a preparse algo rápido para cenar.
Mariana se sienta en la silla del comedor y Ernesto se acerca a abrazarla por la espalda mientras discretamente huele su pelo, ahora si, intenta disimular la duda que lo asalta y la disfraza con ese acercamiento, le besa la cara y huele su piel, la mira de cerca… Mariana no se inmuta y responde el beso, sabe muy bien lo que Ernesto busca, pero no dice nada. Él no resiste más y solo atina a señalar: “Míra cómo traes los labios!”, ella responde con un toque de descaro:”Ah! si, están algo partidos seguramente…”
LLegó la noche y Mariana se dispone a dormir, está perversamente feliz!, sus “buenas noches amor” han sido tan dulces que admira su capacidad para fingir, qué descaro!, qué gozo!, qué bien merecido se lo tenía Ernesto!!!… mira que pensar que está con una tonta que se traga todas sus mentiras sin mover un dedo, qué no ve la mujer que tiene al lado?…. no, parece que no la ve… Mariana contesta automáticamente “si mi amor… claro que te extrañé, claro que te amo, claro que eres mi vida entera…” mientras piensa “verdad que no podrás dormir? me alegra!… qué se siente que te carcoma la duda?!”.
Pasó mucho tiempo después de ese día, Mariana y Ernesto terminaron en algún mes de aquellos, por alguna razón que no tenía que ver con ese incidente. Una tarde entre las ociosidades que ocupan a Mariana decide escribir una carta. Cerró el sobre y escribió los datos del destinatrio a máquina para que no reconociera su caligrafía. Días después Ernesto encuentra una carta en su buzón, es diferente a las que recibe por parte del banco o con alguna propaganda para comprar cosas, así que la abre con curiosidad, la carta solo decía:
“P.D. sí!! esa tarde que sospechaste algo, esa misma en la que olías mi cabello y mi piel buscando un perfume diferente, me alegra decirte que si!!!! hice el amor con alguien más, en tus narices, me reí de ti, y te besé sin remordimientos después de eso… Te felicito, tu instinto sigue agudo, pero para que no quepa duda me congratula confirmartelo.”
Ernesto no encuentra más, no había escrito por ninguna parte el remitente, no tenía nombres ni firmas, “maldito correo tradicional que no permite rastrear la dirección IP de quien escribe!!”… Por dentro Ernesto sabe perfectamente quién lo hizo, pero esta vez no recibirá una nueva postdata que se lo confirme…de nuevo… la duda, y Mariana goza!
Siempre lo he dicho:
Los hombres mienten más, las mujeres mejor.
Descorazonador porque tú juras que te dicen la verdad aunque la evidencia y las ripas te digan lo contrario