Materializar una a una y poco a poco cada una de las estrellas que miré al cielo pidiendo deseos, ha sido una enorme bendición que la vida me ha regalado. El Universo a veces trabaja lento pero con una precisión insuperable, y me siento afortunada acreedora de sus innumerables obras magníficas.
Ayer fue un día inolvidable para mi, pues he realizado uno de mis sueños más deseados. Pudiera para muchos parecer una nimiedad, pero tomando en cuenta las circusntacias que han debido propiciarse para llegar a ese punto, para mi, es sencillamente indescriptible.
Saltar en paracaídas, más que un acto temerario o de valentía, representaba una manifestación de mi condición de espíritu libre, la cual puedo experimentar de muchas formas, nadando en el mar, bajando a toda velocidad de la pista del ajusco con los brazos (sin tocar el manubrio xD) extendidos sintiendo el aire en la cara, o… en caída libre a kilómetros de altura en medio del cielo.
Y ha sido ésta última, la manera más maravillosa que he vivido hasta ahora. Si tomamos en cuenta que: padezco de una leve afección al corazón que de pronto me da un poco de lata (el famoso soplo en el corazón), tengo alergias nerviosas, me salen ronchas en el cuerpo, se me hincha el labio jajajaja cuando me altero, le tengo pavor a las alturas, puedo marearme o perder el equilibrio cuando no me siento segura en un lugar alto, el despegue de los aviones aun no logro superarlo… en fin, cositas como éstas, convertían mi deseo de saltar en un reto personal.
Entonces la aventura comenzó:
Tuvimos que esperar más de 3 horas nuestro turno, el día anterior me desvelé y había festejado en la noche con la ayuda de unas copas, afortunadamente la espera le dio tiempo a mi organismo para recuperarse de eso. Cuando llegó el momento de abodar la avioneta, me separaron del amigo con el que iba, porque era ya demasiado peso, así que mi instructor, el fotógrafo y yo esperamos al siguiente vuelo. Finalmente fue mi turno, subimos a la avioneta y poco a poco miraba por la ventana cómo dejabamos la pista y todo se hacía mucho más pequeño. No se cuánto tiempo subimos, solo recuerdo que las piernas me hormigueaban (y lo siento de nuevo ahora que lo escribo), las manos no paraban de sudarme, sentía que el corazón se me salía por la garganta y reía nerviosamente. La avioneta se detuvo en medio del cielo, y el primer equipo saltó en un abrir y cerrar de ojos, ERA LA SEGUNDA!!!, de pronto mi instructora se levanta conmigo y cuando miro hacia abajo sentí una enorme emoción, dijo algo, no recuerdo qué y FUERA BAJO!!!! saltamos!!! WOOOOO!!!!! :-O
En ese momento la euforia se adueñó de mi, me escuché gritar con todas mis fuerzas, reía como loca, no sentía miedo, era como estar…VOLANDO!!! jajajajaja!! Extendí los brazos y las piernas y sentía el aire en todo mi cuerpo, mis brazos y manos estaban llenos de todo lo que me rodeaba en ese momento, de todo, que a la vez es nada. Fueron los 60 segundos (en caída libre) más hermosos de mi vida hasta hoy, mes sentía feliz, segura, diminuta y frágil, y a la vez libre e invencible… me sentía como pez en el agua, como mujer en el aire… como yo en mi elemento natural!!
Cuando el paracaídas se abrió, hicimos algunos giros, la instructora me enseñó a manipularlo un poco con las cuerdas, y después de algunas maniobras increíbles y de admirar el paisaje inmenso y maravilloso que nos rodeaba comenzamos a prepararnos para aterrizar. Llegamos a tierra firme como deslizandonos sobre una pista lisa y resbaladiza, y la aventura había terminado.
Estando en tierra, me sentí más ligera, con los pulmones llenos de vida, y FELIZ!
Disfrute ese momento como nunca imaginé, no morí de un infarto, no vomité en la cara del camarógrafo a causa de la resaca del día anterior, tampoco me desmayé de la impresión como cuando fui una vez a six flags, no me quedé trabada sin poder gritar de la euforia como otras veces, no me paralicé sin poder acercarme a la puerta de la avioneta, nada de lo malo que imaginé podía pasarme sucedió. Por el contrario, sentí una emoción indescriptible, caía a más de 200km/h a una altura aprox. de 4000 metros y me sentí como en mis sueños, libre! segura! cuasi invencible!.
Definitivamente las personas que me acompañaban, la instructora y el camarógrafo se encargaron de ayudar a sentirme tranquila con la experiencia, y a lograr lo que ellos dijeron: piensa menos y disfruta más!
Si me preguntan, Sí! lo volvería a hacer (de hecho lo volveré a hacer) y sentiría de nuevo todas esas emociones encontradas, los mismos nervios y la misma adrenalina de caer!!
Wow!! gracias a la vida, que me ha dado tanto, en días como ayer, me demuestra que no hace falta mucho, sino solo desear las cosas, y la maquinaria del Universo, precisa como reloj, pondrá todo lo que deseo frente a mi.
