Pues sí mi querido blog, hoy acudo a ti, como muchas otras veces, para desahogarme, espero algún día perdones que vacíe mi mala vibra en tus líneas.
El día de hoy me encuentro en un punto, en el que nuevamente me siento sin respaldo, viajando rumbo a mi meta sin flaquear, pero con el peso de las metas de otros en mi equipaje. Yo se que muchas de las personas con las que he contribuído de una forma u otra no han pedido siquiera mi ayuda, y que entonces yo solita elijo meter ese peso en mi maleta, pero yo y mi pinche espíritu altruísta me arrastra siempre al punto en el que me encuentro ahora.
Me encanta ayudar a la gente, cooperar para que logren sus sueños, participar en el camino a los momentos felices de las personas que amo, desgraciadamente, en esa entrega de la que muchas veces soy viciosa, hay días como hoy, en los que me doy cuenta que en el afán de procurar el bienestar de los demás me pierdo de vista, y lo más tonto de todo, es que me pone muy triste darme cuenta de que para alcanzar mis sueños, metas y anhelos en muchos aspectos, cuento exclusivamente con el respaldo de la única persona en la que puedo confiar, YO.
Me parece una tontería el sentirme triste por eso, se que por el contrario, debería estar feliz porque mi ayuda es útil para alguien más, porque mis logros no dependen de nadie y porque al final, tarde o temprano, consigo lo que me propongo. Creo que en realidad lo que me pone triste es lo mismo que alguna vez en terapia descubrí, si siempre estoy dispuesta a ayudar a la gente a mi alrededor, si siempre busco de una forma u otra la solución a todo, es porque muy en el fondo, desearía que alguien hiciera lo mismo por mi. Y lo triste, es darme cuenta de que eso no va a suceder. Estoy consciente de que si ayudo a la gente no es esperando algo a cambio, sin embargo siempre me pasa, que aunque se que puedo sola, siento muy raro el saber de sobra que para lo que necesite, no hay nadie más que yo misma.
Son cosas que aun no aprendo a manejar. Estoy consciente de que hay momentos en mi vida en los que puedo ser muy egoista, y justo cuando soy así no sufro, porque como lo que ofrezco a los demás de mi persona, es lo mínimo necesario, de la misma forma espero poco o casi nada de los demás. El problema viene cuando decido entregar más, y lo hago, y me exprimo a mi misma para procurar a los demás, entonces, invariablemente, busco la reciprocidad y no la encuentro, y entonces, me enojo, me pongo triste, y regreso al punto incial, en que concluyo que para no sentirme así, debo ser egoista, porque si nadie ve por mi, no tengo por qué ver por los demás. Y se vuelve un estúpido círculo vicioso.
No se qué hacer, no se cómo manejarlo, no se si mandar a todos a la chingada y dedicarme a mi solamente? que me valga madres lo que los demás necesiten aún cuando se que puedo tener la solución a ello?…
No se cómo resolverlo, no se cómo dejar de sentirme así, y no se si ser egoista sea la única forma de no necesitar del apoyo de nadie.
Y ahora siento que hago una tormenta en un vaso de agua y que en realidad, no debería ser para tanto, si de todas formas ya se que la única que nunca me abandona, que nunca me falla, y que puede todo por mi, soy yo.
Se que soy muy exigente conmigo y procuro dar lo mejor de mi a los demás, y que por lo mismo puedo llegar a esperar mucho de ellos, pero quién soy yo para decidir qué es lo que ellos quieren ofrecerme? Si bien decía Ruth, “lo que venga de los demás es un plus, aquí lo que más cuenta es lo que venga de ti para TI.”
Fiuu! al menos ya saqué mis enredaderas mentales y me siento mejor, ni modo, a seguirle macheteando, porque nadie va a venir a preguntarme qué es lo que quiero y mucho menos a ponermelo en bandeja de plata.